
La línea de arboles quedaba lejos, pero prometían sombra y frescor. El sol caía casi vertical, aplastando todo ser vivo bajo su dominio. Las espigas doradas se erguian compitiendo por ser la mas alta, la mas esbelta, saludando al viento con movimientos de cabeza. Las amapolas sonrojadas se ofrecían a los bichos despistados para que pasaran un rato con ellas y les explicaran historias de mas allá de las montañas. Las mariposas, frenéticas por el calor, ya ni se posaban y se dedicaban a aprovechar el aire caliente que subía del suelo y volar mas y mas, cada vez mas alto, hacia el azul, hasta que el frío las hacía bajar, cansadas. Al aproximarme a los árboles pude oír el agua, y cuando entré en la sombra acogedora un escalofrío recorrió mi espalda. Me senté junto al cauce y dejé que poco a poco bajaran los latidos de mi corazón, buscando captar el espíritu del río. Yo diría que mientras estuve allí sentado, el agua fluyó también por mi interior......
Olympus E3 + Zuiko 12-60















