En un taller de construcción de armas paleolíticas para los niños expliqué para qué servían y cómo se utilizaban. Cuando pensaba en qué cosas les iba a decir les oculté que esas armas eran utilizadas para cazar animales pero también otros homínidos, para comerlos. Creo sinceramente que el próximo paso en la evolución humana, que aún está por llegar, es el respeto por la vida del prójimo. La eliminación física de los que no pertenecían al propio clan en la antigüedad o la segregación y/o explotación de los que son diferentes en la actualidad, son la misma cosa. Me considero una mente primaria y primitiva, pero de pequeño me enseñaron el respeto por mis semejantes. Por eso no entiendo los motivos ni justificaciones de las guerras, ni los lobos de dos piernas que cazan a los débiles del rebaño humano. Los que se sienten capacitados para ordenar un ataque preventivo en un país extranjero o los que desde un despacho se lucran a costa del resto de la sociedad sabiendo que crean pobreza y sufrimiento, son la misma cosa. La fuerza de la raza humana reside en su organización y cultura colectiva. Fuimos predadores, pero ya no hay espacio en el planeta ni en nuestra conciencia para ello.
Hacer un alegato pacifista con los tiempos que corren no parece tener sentido. Sin embargo, nada nos impide señalar con el dedo a los lobos para que nos dejen en paz y podamos trabajar de cara a un futuro mejor.
En Islandia han sabido cómo hacerlo.
