Soy de los que piensan que una foto no está acabada hasta que no está colgada en la pared. Bueno, en realidad no es cierto porque también puede acabar en un libro aunque de eso hablaré otro día. Personalmente disfruto como un enano preparando fotos para colgar: pongo música, saco la copia como si de un incunable se tratara, elijo la cartulina para el paspartú y la corto a medida, pego la foto, desmonto el marco, limpio el vidrio, pongo la foto y lo monto todo. A continuación busco un sitio para apoyarla y mirarla de lejos: ahora si está lista. Esos momentos son impagables, cuando la veo lista para compartir y recuerdo cómo y cuando la hice, o en qué la hace diferente y haya sido la elegida, y mejor aún, que expresión pondrá la persona que la recibe. En todo caso se cierra el círculo y disfruto con la impresión de que he vivido la fotografía en toda su extensión: desde el acto de la captura hasta el orgullo de verla colgada.
Artesanía pura, por eso me considero un artesano de la fotografía...
Artesanía pura, por eso me considero un artesano de la fotografía...








