Leopoldo Pomés


Premio Nacional de Fotografía 2018.
En 1957 un joven Pomés recibió el encargo de fotografiar Barcelona y él lo hizo a su manera, con la energía y el riesgo de la juventud. El resultado después de muchos meses de trabajo fue una colección de fotografías de una calidad brutal que recogía la vida en la ciudad con la gente como protagonista. Fuera de nuestras fronteras estas imágenes hubieran significado el lanzamiento profesional del fotógrafo como en su momento le pasó a Cartier-Bresson y algunos más, pero en este país las cosas no funcionan así. El editor, Carlos Barral, seguramente esperaba una colección de postalitas amables y no editó el libro prometido después del esfuerzo y tiempo invertido por el fotógrafo. Leopoldo guardó las fotos en un cajón y se juró no salir más con la cámara a cazar a la calle. Pero como es un tio listo,  siguió fotografiando en su estudio y bajo encargo, la pela es la pela y había que vivir. Pasaron los años, casi toda una vida, y aquellas fotos de juventud seguían en el cajón guardadas con cariño pero no estaban olvidadas, eran una espina que Pomés llevaba clavada en su honor de fotógrafo y decidió que las tenía que publicar. Más de cincuenta años después el círculo se cerró y apareció por fin el libro "Barcelona 1957", un lujo para los sentidos.
De esos días en que tuve el honor de compartir con él fotografía, tabaco y café  salieron unas cuantas fotografías y experiencias con las que hice un librito que hoy guardo como un tesoro. Bueno, en relaidad fueron tres ejemplares...

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